5/12/13

Y la vida continua.

Este escrito que leerán a continuación, fue producto de una tarea que me enviaron hace unas semanas, la misma consistía en hacer una historia con un argumento sin humanos ni con objetos o animales humanizados.

Espero les guste y se animen a dejar sus comentarios. 



El soplo del viento la arrojó sobre la superficie terrestre, allí, comenzó la vida de la semilla.
Un proceso interno de gestación comenzaba. Los rayos solares la calentaban, el húmedo rocío hidrataba su interior, la tierra fue su sustento. Transcurrieron los días y el desarrollo continuaba.

El retoño un día brotó, el verdor de las hojas despuntó en el alba. Lentamente, su presencia se fue revelando poco a poco mediante un tallo, con raíces que se fueron extendiendo e introduciendo cada vez más en la tierra. Los átomos solares brindaron el alimento necesario, el agua de la lluvia fue nutriendo su esencia y casi imperceptiblemente, fue imponiéndole al paisaje su magnifica presencia, hasta que un día reveló un delgado tallo que fue creciendo y transformándose desde lo superior en ramas, que fueron extendiéndose hacia el cielo, desplegándose en hojas, mas tarde en flores que con sus sutiles colores y fragancias adornaron el paisaje, hasta un día dar sus frutos de un color rojo intenso que sirvieron de alimento a los seres circundantes. 
Así se expreso la vida por algunos años hasta que un día irrumpió un brutal sonido, la tierra vibró, la paz del lugar se alteró y sonidos extraños revelaron el frío contacto del metal que comenzó a cortar el grueso tallo, cercenando, progresivamente, de manera implacable la vida del frondoso árbol. Un certero golpe se sintió sobre la superficie esparciendo en el aire lo que sobre ésta reposaba. Un profundo silencio inundo el lugar, luego, la vida había terminado.

Nada es eterno, todo es mutable, la vida empieza, la vida se transforma, la vida se termina. 

La vida continua... 

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